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De repente, Lalo
pegó un grito y yo salí gritando y llorando de la cueva.
Lalo salió después, riéndose y cantando. "¡Qué
loco que es!", yo pensaba.
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Mis padres querían
visitar los jardines flotantes en Xochimilco. Como yo nunca había
visto flotar un jardín, tenía ganas de ir y le invité
a Lalo.
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